Síndrome diarreico: Cuando la diarre es aguda

Para realizar un adecuado manejo de la dieta en presencia de diarrea, es importante diferenciar si son agudas o crónicas.

Las alteraciones que se producen en el intestino delgado se traducen, en su mayoría, en un síntoma común, la diarrea. En el caso de las diarreas agudas, si bien son de corta duración, generan una rápida y elevada pérdida de agua y electrolitos.

El síndrome diarreico se caracteriza por una acrecentada eliminación de materia fecal con un aumento o no en el número de deposiciones, cambios en la consistencia normal de las heces y variación en la composición química de la materia fecal.

Las diarreas agudas son ocasionadas, generalmente, por virus, por consumo de alimentos contaminados por bacterias, medicamentos (especialmente antibióticos), alergias alimentarias.

Síntomas que se presentan en el síndrome diarreico:

– Calambres abdominales

– Sensación de incontinencia fecal, al límite de llegar a no poder controlarlo

– Molestias alrededor del ano

– Inflamación de la región abdominal

– Fiebre

– Escalofríos

Algunas indicaciones para el manejo del síndrome diarreico

Primeramente se deberá prestar atención al aporte de líquidos a fin de compensar la pérdida generada durante los episodios de diarrea, por lo cual se llevará a cabo un adecuado aporte de líquidos, ya sea como agua, infusiones claras de te, caldos de verduras o de frutas (manzana, peras, duraznos).

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En un segundo momento, se comenzará a progresar con la dieta y sumar alimentos a la misma, evitando los residuos y todo alimento que resulte estimulante del peristaltismo intestinal.

Se podrán consumir caldos espesados con harinas, pastas de laminado fino, arroz, harina de maíz, galletitas de agua o pan desecado, frutas (manzanas, duraznos), gelatinas de fruta.

Se deberán evitar los alimentos ricos en fibra, alimentos integrales, verduras de hoja, o que contengan semillas, café, chocolatada, alimentos con alto contenido graso (carnes, embutidos, manteca, cremas), salsas comerciales, bebidas con alcohol, quesos duros, semiduros y fermentados.

Las frutas se consumirán preferentemente cocidas, sin piel y sin semillas; los quesos deberán ser untables blancos, bajos en grasas (0-5% grasa); entre los cereales se podrán consumir pastas simples bien cocidas, arroz blanco, harina de maíz.

La incorporación de las carnes se hará lentamente, comenzando con pescados, pollo sin piel y luego carnes rojas magras.

Se podrán utilizar aceites, preferentemente, crudos.

La leche, se evitará en un principio, y se irá progresando con leche desnatada, según tolerancia. En lo que respecta al yogur, leche cultivada y postrecitos, seleccionar los desnatados.

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