Ante la necesidad de adelgazar, muchas personas suelen proponerse fechas para comenzar a cumplir estrictamente un régimen. Lamentablemente, no todos mantienen el plan de alimentación iniciado con regularidad y, de esta manera, son pocos o a veces nulos los cambios que observan en su peso corporal e imagen.
“El lunes empiezo la dieta” es una frase conocida que muchos han pronunciado en algún o algunos momentos a lo largo de su vida.
A medida que se pone en marcha la cuenta regresiva y se va aproximando la fecha de comienzo de la dieta, son comunes las comilonas, ricas en grasas y azúcares para poder disfrutar “por última vez” de esas comidas tentadoras y excesivamente calóricas que hacen que la balanza marque cada vez más.
Llega el lunes y se comienza firmemente a cumplir las pautas que alguna vez indicara algún profesional de la nutrición.
Incluso ciertas personas suelen autorestringirse alimentos que tienen permitido comer con el objetivo de lograr un mayor y más rápido descenso de peso.
Esta situación, a veces por demás e innecesariamente estricta lleva a que la rigidez con la que se realizaba el plan de alimentación el lunes y el martes sea cada vez menor. Entre miércoles y jueves se comienza con algunos “gustitos”: “TOTAL, QUE ME VA A HACER”. El viernes ya hay un exceso de “gustitos”; y el sábado y domingo se utilizan los “permitidos” que también fueran dados en alguna oportunidad por el nutricionista, pero se aprovechan en exceso: “TOTAL, EL LUNES EMPIEZO LA DIETA….DE NUEVO”.
Esta situación, que puede parecer graciosa, lamentablemente en muchos casos es real y termina siendo un círculo vicioso del que es difícil salir y con el que no se obtiene ningún resultado favorable.
Por eso, siempre y cuando no haya ninguna circunstancia relacionada con la salud que amerite un cambio brusco en la alimentación y un descenso rápido de peso, se recomienda que las modificaciones del plan alimentario se hagan paulatinamente, de manera de poder adquirir firmemente un hábito saludable de alimentación, que pueda mantenerse en el tiempo, y que contemple cantidades suficientes y adecuadas de nutrientes a diario; donde haya alimentos de todos los grupos (cereales, verduras, hortalizas, frutas, lácteos, carnes, huevos, aceites), de manera que la alimentación sea completa y se puedan cubrir los requerimientos nutricionales.
También se debe tener en cuenta que no es conveniente que haya un excesivo aporte de azúcares ni grasas y que el plan de alimentación debe adaptarse a las necesidades de cada individuo.
En vez de proponerse una fecha para comenzar estrictamente un plan de alimentación, sería mejor proponerse cada día hacer un cambio favorable en la dieta y, una vez incorporado un hábito saludable, tratar de conservarlo y velar por la introducción de otro, aún mejor.