Esta tercera nota la dedicaremos a las complicaciones que pueden ocurrir cuando no se cumplen con una buena higiene alimentaria. Dejemos bien establecido que cuando no se cumple con los preceptos de una buena higiene alimentaria, la consecuencia es la contaminación y proliferación bacteriana.
Cuando
un alimento ingresa a nuestro organismo contaminado con agentes bacterianos,
virus, parásitos o cualquier otro agente tóxico, la consecuencia inmediata es
una enfermedad. Es justamente a
esas enfermedades a las que nos referiremos hoy. Las enfermedades trasmisibles
por los alimentos, más comunes son 4:
En
esta nota nos dedicaremos a las dos primeras.
La Salmonelosis
Esta
enfermedad se produce por la infección de una bacteria denominada Salmonella,
descubierta por un médico norteamericano que se llamó D.E.Salmon. En los
EE.UU. donde los médicos denuncian todas las enfermedades de denuncia
obligatoria, se reportan más de 40.000 casos anuales de esta enfermedad. En el
genero Salmonella, existen muchos tipos pero tres de ellas son las causales más
comunes de esta enfermedad, una de las más conocidas es la Salmonella Tiphy,
causal de la "fiebre entérica o tifoidea".
Afecta
la zona intestinal y a veces puede pasar a la sangre produciendo una
bacteriemia. Puede causar brotes de infección por comida contaminada. Puede
contraerla cualquier persona pero los más afectados son los lactantes y niños.
Esta bacteria contamina frecuentemente a las carnes sin procesar, el pollo, los
huevos y los productos lácteos sin pasteurizar. Se eliminan por las heces de
personas infectadas o de animales domésticos como perros y gatos. Se transmite
comiendo alimentos contaminados que no cumplen las reglas básicas de higiene o
también bebiendo agua contaminada. Las personas infectadas pueden trasmitir la
enfermedad por no lavarse las manos después de ir al baño y/o manipular
alimentos. Los síntomas más comunes son, la diarrea leve o severa, la fiebre y
los dolores abdominales y cefaleas (dolor de cabeza). Los síntomas suelen
aparecer entre los 3 y 7 días después del contagio. Una persona infectada o
que padeció la enfermedad, lleva consigo la bacteria por varias semanas después
de la enfermedad. El tratamiento adecuado es el tratamiento propio de la diarrea
y los antibióticos que son muy efectivos para la Salmonella, solamente se
utilizan cuando hay infección sanguínea.
Medidas
preventivas:
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No
existen vacunas para estas infecciones.
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No
se debe ingerir carnes o alimentos de origen animal crudos o mal cocidos.
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Las
carnes crudas deben guardarse en el refrigerado embolsado, que no tengan
contacto con otros alimentos.
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Descarte
los huevos con cáscaras rotas.
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Lavar
las frutas y verduras antes de consumirlas.
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No
utilizar lácteos no pasteurizados.
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Lavarse
las manos antes de preparar y manipulear alimentos.
La
Listeriosis:
La
Listeriosis es una enfermedad causada por consumir alimentos contaminados con
una bacteria llamada Listeria.
Esta bacteria se encuentra en el suelo, en los alimentos para el ganado, en el
agua y en el fango (barro), también pueden vivir en los animales domésticos.
Cualquier persona adulta o joven, puede adquirir esta enfermedad, pero los más
vulnerables son los recién nacidos, las embarazadas y los ancianos; ya que
presentan muy bajas sus defensas. La enfermedad aparece con síntomas similares
a un estado gripal, fiebre, dolores musculares y a veces nauseas y diarrea. En
los recién nacidos así como también en adultos con defensas bajas, la infección
puede afectar al sistema nervioso. Las embarazadas pueden tener partos
prematuros o pérdida del embarazo. Los síntomas aparecen por lo general a los
20 días después del contagio.
Se
propaga comiendo alimentos contaminados, vegetales o frutas sucias sin lavar,
aves de corral y carnes crudas o poco cocidas. La mujer embarazada puede
trasmitir a su bebé la enfermedad. Los antibióticos como la penicilina y la
amoxicilina son el tratamiento de elección.
¿Cómo
prevenir la Listeriosis?
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Las
mujeres embarazadas o personas con defensas muy bajas, deben evitar quesos
como el Brie.
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Utilizar
alimentos bien cocidos, especialmente las carnes y sus derivados.
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Evitar
los lácteos y sus derivados no pasteurizados.
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Lavar
con esmero y cuidadosamente los vegetales y frutas.